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El Congreso Nacional Indígena, que agrupa a representantes de 58 pueblos originarios, decidió volver a la arena política para enfrentar los megaproyectos que amenazan sus comunidades. La apuesta fue alta: formar un Concejo Indígena de Gobierno y enviar a una representante a competir por la presidencia del país ¿Cómo fue esa decisión?
¿Quiénes son los concejales detrás de María de Jesús Patricio?

 

¿Qué propuesta tiene el CNI para los 110 millones de no indígenas de este país?

— Principalmente la organización. Tenemos que organizarnos de aquí en adelante para que ya no nos sigan imponiendo cosas y unos cuántos qué hacer. Tenemos que hablar y decir que México queremos. Y si se logra tener una fuerte participación de la sociedad civil organizada, de todos los sectores, es porque también están sintiendo que hay un proyecto de muerte impuesto y que no solamente va contra los pueblos, sino que va parejo.

— Quiero entender bien: ¿ustedes están tratando de enseñarnos sus formas de organizar su gobierno?

— En algunas comunidades ya se ha venido ejerciendo esta forma, en Chiapas con las juntas de buen gobierno, en Cherán. Entonces no es algo nuevo, es algo que ya se ha venido construyendo a raíz de un ejercicio de la autonomía y es algo que se quiere poner en común para todos los mexicanos, que sientan que es necesario voltear todo y tomar en nuestras manos y poner o diseñar un México de acuerdo a la gente de abajo.

La entrevista con María de Jesús Patricio, ocurre en julio de 2017, unas semanas después de recibir el mandato del Congreso Nacional Indígena de registrarse como precandidata a la presidencia del país por la vía independiente de los partidos políticos y fungir como vocera del Concejo Indígena de Gobierno.

Lo que propone parece más difícil que vivir en la luna: El Concejo Indígena de Gobierno sería el gobierno. Y “este gobierno estaría haciendo una asamblea de todo el pueblo de México y preguntando qué México quisiera. Algo así como una asamblea en las comunidades que a quien se le mandata, pues obedece a toda la asamblea y si no ve que funcione, lo quitan y ponen uno que sí va a obedecer a la asamblea”.

Un gobierno “que estaría obedeciendo al pueblo, es lo diferente”.

Parece imposible en un país como México. Pero ella insiste: los pueblos indígenas lo han conseguido.

“La casa de todos los pueblos” 

En México hay 68 pueblos originarios que representan el 13 por ciento de la población nacional. La narrativa oficial —que durante décadas ha replicado el discurso postrevolucionario de la unidad nacional— presume que, a diferencia de otros países, en los que los indígenas fueron exterminados o segregados, en México nos sincretizamos y nos convertimos en un país multiétnico.

Es una verdad a medias. México nunca ha tenido políticas multiétnicas y la primera forma de segregación de los pueblos ha sido la lengua, pues el español es el único idioma oficial, a pesar de que en el país existen más de 300 derivaciones de otras lenguas. El exterminio ha sido lento, y por la vía del abandono: cuando México nació como estado independiente, casi la mitad de la población era indígena; hoy quedan menos de 7 millones de hablantes de lenguas y hay 14 pueblos originarios con menos de mil habitantes que, según la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), están en proceso de “extinción acelerada”, sin que nadie haga nada para detenerlo.

Los indígenas mexicanos fueron ignorados hasta que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional hizo su aparición pública, en enero de 1994, y marcó un parteaguas con su lema: “Nunca más un México sin nosotros”.

En 1996, a partir de los diálogos de San Andrés Larráinzar, el EZLN convocó a los pueblos de todo el país a formar Congreso Nacional Indígena (CNI), como alternativa al anquilosado Instituto Nacional Indigenista (que años después cambió de nombre, pero no de formas). El Congreso Nacional Indígena se convirtió entonces en “la casa de todos los pueblos” o “el ir y venir de la palabra”, porque ahí se encuentran, reflexionan y analizan sus problemas.

En octubre de 2016, para festejar su 20 aniversario, el CNI organizó su quinto encuentro. Los asistentes cuentan que en esos días se escucharon, intercambiaron sus vivencias y compartieron los problemas. Palabras como: megaproyectos, despojo, criminalización, mineras, eólicos, gasoductos, acueductos, termoeléctrica, agua, privatización, represión, asesinatos, encarcelamientos, desapariciones forzadas, se repitieron en cada testimonio.

Fue así, como los delegados zapatistas pusieron en la mesa una propuesta arriesgada: llevar a cada pueblo la consulta de crear un Concejo Indígena de Gobierno, a cuyas palabras les diera voz una vocera, mujer indígena, y que participara como candidata en las elecciones presidenciales del 2018.

“El Congreso Nacional Indígena ha decidido luchar para sanar nuestros suelos y nuestros cielos. Y lo han decidido hacer por los caminos civiles y pacíficos. ¡Vamos por todo! — dijo el EZLN en un comunicado — pues sabemos que tenemos enfrente quizá la última oportunidad, como pueblos originarios y como sociedad mexicana, de cambiar pacífica y radicalmente nuestras formas propias de gobierno”.

Palabras del Sub Comandante Moisés, durante las toma de protesta de concejales y vocera del CNI

El CNI convocó a conocer los resultados de la consulta en la segunda etapa del encuentro, realizado en el Caracol Oventik, territorio zapatista, en Chiapas, en los últimos días de 2016.

Para entonces, “el número de participantes en el CNI aumento significativamente, cumpliéndose uno de los objetivos planteados durante la primera etapa del encuentro”, dice la académica Silvia Marcos, una de las pocas personas no indígenas que tiene acceso a las reuniones del CNI (otros son Pablo González Casanova, Raúl Anguiano y Magda Gómez).

El 1 de enero de 2017, los representantes de 93 pueblos acordaron tres cosas: 1) elegir un Consejo Indígena de Gobierno representado por un hombre y una mujer de cada pueblo, tribu y nación que integran el CNI; 2) una mujer indígena, elegida mediante asamblea, sería su vocera; y 3) se convocaría a la Asamblea Constitutiva del Concejo Indígena de Gobierno para México en mayo de ese mismo año, en las instalaciones del Centro Indígena de Capacitación Integral (CIDECI- UNITIERRA) de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

“¿Qué te dice tu corazón?”

El CIDECI es un espacio en medio del bosque que alberga muchas acciones de educación zapatista. Ahí fue el registro de la “escuelita zapatista” en 2014, y ahí se han realizado los encuentros de Conciencias (reuniones de científicos con alternativas para mejorar al mundo) y Comparte (de artistas que promueven el arte como forma de resistencias).

A la convocatoria de la Asamblea Constitutiva del Concejo Indígena de Gobierno, del 26 al 28 de mayo de 2017, llegaron unas 2 mil personas, entre representantes de los pueblos, periodistas, simpatizantes y adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona

Era demasiada gente para el auditorio en el que Galeano (antes Marcos) y el subcomandante Moisés, voceros del EZLN inauguraron la Asamblea. Se anunció que se realizarían tres mesas de trabajo en donde se establecerían los propósitos, estrategias, funcionamiento, organización del CIG, así como su vinculación con otros sectores de la sociedad civil. Después, las reuniones del CNI fueron a puertas cerradas.

Eran mil 482 delegados de pueblos, barrios, tribus y naciones de 58 grupos étnicos distribuidos en más de 500 comunidades y 25 estados del país. Los zapatistas se notaban por sus pasamontañas y su andar con orden, siempre formados unos tras otros.

El 28 de mayo, los trabajos comenzaron temprano. En cada una de las tres mesas de trabajo se eligió a una participante por consenso. “La convocatoria era clara: debía ser una compañera que trabajara por su comunidad, que tuviera una trayectoria limpia, que no hubiera estado en algún cargo de gobierno, que conociera la historia de su pueblo y que hubiera desarrollado algún trabajo comunitario” cuenta Juan Bobadilla, concejal residente en la Ciudad de México.

Finalmente, la Asamblea propuso a María de Jesús Patricio Martínez, una mujer nahua de Jalisco dedicada a la medicina tradicional, que ha estado en el CNI desde su fundación y que en 2001, durante la Marcha del Color de la Tierra, habló ante el Congreso de la Unión junto con Adelfo Regino y la comandanta Esther.

La Comandanta Miriam entrega un presente a Marichuy, durante su nombramiento como vocera

Pero a ella también había que consultarla. Así que un grupo de mujeres zapatistas encabezado por la comandanta Miriam se reunió a platicar un largo rato con Marichuy, como le dicen. “Me decían que no me preocupara por mis hijos, que ellas me ayudarían a realizar mi trabajo. Me preguntaban: ‘¿qué te dice tu corazón?’ Y fue ahí donde dije: ‘sí, sí puedo’ Porque mi corazón me decía que eso era lo correcto”, contó ella después.

Las mujeres se presentaron al frente con Marichuy y una niña del grupo le dio su primer regalo como vocera: dos muñecas con vestimenta zapatista, una representaba a una mujer adulta y la otra a una niña. El sonido de los aplausos resonó en el auditorio, mientras ella sonreía, aunque parecía estar en otro mundo.

“Pensaba mucho: ‘¿Podré? ¿Será que voy a lograr hacer lo que el Concejo está pidiendo, lo que los pueblos están ansiando?’... De que me corrompa no creo. Pero más bien es tomar esa responsabilidad, así como en comunidad de tomar un cargo, el cual no recibe pago, sino más bien va a exigir trabajo. Y yo decía: ‘Es que esto va a modificar mi vida, pero si es necesario dar el paso pues lo voy a dar. Si han confiado, pues no voy a defraudar su confianza y voy a salir adelante. Y sí voy a poder, porque todos lo podemos hacer. El reto es entrar a un mundo desconocido, porque no se ha caminado por ahí. Lo bueno que no voy a ser yo sola... Va a ser el Consejo Indígena de Gobierno’”.

Voces del Concejo

Gabriela Molina Pertenece al Territorio Seri o Comca´ac en la costa oeste del estado de Sonora. Participa en el CNI desde hace cuatro años, cuando comenzó la lucha Comca´ac contra la minería.

El territorio Comca´ac tiene unas 211 mil hectáreas y es habitado por 2 mil personas, todas hablan su lengua materna y mantienen sus danzas y cantos; llevan 35 años realizando la guardia tradicional que les permite mantener vigilado el territorio todo el tiempo y no le permiten el paso a la fuerza pública del gobierno; también son los guardianes de la isla tiburón, la isla más grande del país y que han intentado militarizar. El Concejo de Ancianos toma las decisiones y manda sobre el gobierno tradicional, elegido a través de Asamblea

“Son ellos los que nos han mandado a visibilizar nuestros problemas, ellos nos han preparado para defender nuestro territorio”, dice Gabriela, quien fue electa para representar a su pueblo en el Concejo Indígena de Gobierno.

“El nombramiento es una oportunidad muy importante de hablar por nuestros pueblos pero también por otros que confían en nosotros, es un voto de confianza, tienes que trabajar, es muchísima responsabilidad”.

El trabajo de Gabriela está enfocado en la resistencia contra los proyectos mineros en el territorio Comca´ac, donde el gobierno ha entregado 10 concesiones para minas a cielo y, de acuerdo a lo que han logrado investigar, están relacionadas con Grupo México. Por esa oposición Gabriela ha sufrido persecuciones, amenazas e incluso ha tenido que dejar su comunidad de manera forzada.

“Ahora vemos una luz más fuerte a través del CNI, ya no nos sentimos solos, son cosas feas las que nos ocurren pero el encontrarnos nos hace levantarnos con más fuerza —dice la joven — “Nos mandaron a este espacio para decir las cosas tal cual y a decirle al gobierno que queremos ser escuchados, que no puede legislar políticas con las que no estamos de acuerdo. Y que ya es tiempo de que nos oigan. Aquí estamos y siempre hemos estado”.

Maribel Cervantes habita el pueblo de Popoluca en Veracruz, una zona con un enorme problema de inseguridad y feminicidios, donde el gobierno quiere otorgar concesiones de minería y fractura hidráulica.

“El hecho de que la vocera sea una mujer representa el resurgimiento de la voz discriminada, ser mujer e indígena”, dice Maribel, quien, como Gabriela, se siente cobijada por el CNI ante las amenazas que tienen.

“Es un espacio diferente, no institucional, donde se piensa en conjunto y están al pendiente de los pueblos —cuenta la concejala indígena—. Anteriormente nos contábamos nuestros dolores, pero desde octubre se decidió que debíamos dar otro paso, como dicen los compañeros del EZ pasar a la ofensiva, pasar a otra cosa, más propia, de qué hacer y cómo hacer para cada pueblo.”

 

Gabriela Molina, Concejala de la Nación Comcáac

 

Maribel Cervantes, Concejala del Pueblo Popoluca

 

Mario Luna, Concejal de la Tribu Yaqui o Vícam, de Sonora

 

Juan Enrique Bobadilla Macario, Concejal Purépecha residente en la Ciudad de México

 

El Concejo Indígena de Gobierno está integrado, hasta ahora, por 154 concejales, una mujer y un hombre de cada uno de los pueblos, regiones barrios, tribus y naciones que integran el CNI (aún están pendientes por nombrar otros 32).

Fueron electos por los integrantes de su comunidad, a través de los distintos ejercicios de consenso realizados en cada lugar de acuerdo a sus usos y costumbres. Debían cumplir con ciertas características: pertenecer a un pueblo originario, conocer bien su cultura, hablar su idioma, realizar trabajos para su comunidad, acompañar la lucha de sus pueblos, ser humildes, mandar obedeciendo y, sobre todo, siempre servir a su pueblo y al CNI.

“La conformación del CIG es la respuesta a la forma tan artera en la que está operando el sistema en contra de los pueblos y sobre todo de la apropiación tan descarada que se está dando de nuestros recursos naturales y territorios. Estamos buscando frenar ese golpeteo sistemático y golpearles la mesa a esos poderosos que se sienten dueños de México”, dice en entrevista Mario Luna, Concejal de la Tribu Yaqui o Vícam, de Sonora.

El pueblo Vícam se organiza mediante consensos a través de asambleas donde siempre se antepone el bien común y todas las decisiones se toman por consenso. Si en el ejercicio una sola persona se opone a la propuesta el ejercicio se repite hasta que esa persona se convence de que esa propuesta es la mejor opción.

Mario Luna representa a su pueblo desde hace muchos años en el CNI y la resistencia a proyectos de desarrollo lo han llevado a prisión. “El delito del que nos acusa es el de exigir que se cumpla la ley, se tienen amparos por la vía institucional incluso en la SCJN para evitar que nos roben los ríos sagrados pero esos amparos no se han cumplido”, dice, y considera que ser parte del Concejo Indígena de Gobierno “es una oportunidad para demostrarle a esa otra cultura que existe en México que también hay otras formas”.

Juan Enrique Bobadilla Macario es purépecha residente en la Ciudad de México. Desde pequeño salió de su comunidad en Jarácuaro, en la región del lago de Pátzcuaro, Michoacán, por motivos económicos y ahora piensa que le ha tocado vivir una doble realidad. “Mi abuelo fue de los primeros en salir de la comunidad para estudiar en Pátzcuaro donde vivió mucho racismo, y por prejuicio decidió no enseñar su lengua a su hija y nietos”.

A Juan, su abuelo aceptó enseñarle un poco de su lengua materna. Tiene recuerdos gratos de su niñez en Jarácuaro, como haber ido a la isla (que ahora no es isla porque el lago se ha secado), haber estado en casa de su tía tejiendo la trenza de palma para la hechura de sombreros o estar en casa de su abuelo recogiendo chayotes para comer. “El contraste con la ciudad se siente en el trato de la gente. Aquí no hay fiestas, tradiciones o el trabajo en comunidad. La ciudad es muy indiferente, es individualista”.

Juan se integró al CNI después de una visita a comunidades zapatistas en 2004 y comenzó a trabajar en procesos organizativos en la Ciudad y en la recuperación de territorio en la costa de Jalisco. Ahora, dice, el reto para el pueblo purépecha es recuperar una parte esencial, que es su lengua, además de su historia.

“Es complicado por la falta de reconocimiento, en la ciudad no pasa de una visión folklórica de los purépechas, no hay una aceptación dentro de la Ciudad”, dice, y cuenta que los niños son los que sufren la peor discriminación, pues por no entender bien el español tienen problemas de aprendizaje y en las escuelas los envían al psicólogo. “Nosotros decimos no está mal, es que no entiende el español. Nosotros sentimos que eso es discriminación es un desprecio del gobierno. Decimos que es importante se otorgue la educación en la lengua materna. ¿Por qué cambiarla al español?”

La comunidad en la que Juan habita en la Ciudad de México se encuentra en la colonia Buenos Aires; ahí conviven 80 indígenas purépechas, triquis, tzeltales y nahuas que se han organizado para mantener sus lenguas, fiestas y formas de organización comunitaria: “Sabemos que solos en esta ciudad no vamos a poder y hemos buscado compañeros de otras etnias y la construcción de comunidad en la ciudad para tener fortaleza, si nos quedamos solos nos van a aplastar. Hay un doble discurso en el gobierno hacia nosotros, en la creación de la constitución de la ciudad ni siquiera se nos consultó, buscamos opciones para ingresar un documento donde se pusiera la voz de nosotros como pueblos indígenas, pero fue bloqueado por los partidos políticos”.

Ahora, dice, el CNI representa la oportunidad de “ser otra vez parte de este país y que se nos reconozca como una nación dentro de otra nación”

Las casitas de Marichuy

El 7 de octubre de 2017, la indígena María de Jesús Patricio Martínez se registró ante el Instituto Nacional Electoral como precandidata independiente a la presidencia de México en el proceso electoral 2018.

Unas 150 personas con playeras alusivas al CNI y cartulinas con frases de apoyo esperaban afuera del INE la llegada de Marichuy, donde minutos antes había concluido con su trámite de registro otro candidato independiente: Jaime Rodríguez, autonombrado El Bronco.

Marichuy portaba su vestimenta tradicional y era tal el revuelo de la prensa que no podía pasar. Finalmente, los concejales realizaron una valla para que pudiera cruzar la puerta del INE. El registro no llevó más de 20 minutos. A su salida, resonaron los tambores de la batucada que un grupo de jóvenes realizaban, y se escuchó el himno zapatista.

La parte trasera de una camioneta pick up sirvió de templete para su primer mensaje como precandidata, en el que denunció las primeras trampas del proceso: “El sistema no está diseñado para la gente de abajo —dijo —. Uno de los requisitos era la apertura de una cuenta bancaria a la que no pudimos tener acceso por que el banco HSBC lo negó”.

Aseguró que no se recibiría dinero del INE y definió la ruta: “como mujer, la lucha es contra el sistema patriarcal que lo único que quiere es separar hombres y mujeres; debemos organizar los dolores y las rabias para salir adelante porque esta lucha va mucho más allá de México, es una lucha para todo el mundo”

Para que Marichuy pudiera figurar como candidata independiente a la presidencia de México se debían recolectar 864 mil 536 firmas de apoyo en por lo menos 17 estados de la Republica y en todos y cada uno de ellos debería lograr el 1% de la lista nominal.

Pero cuatro meses después, la posibilidad de que aparezca en las boletas electorales parece imposible, a pesar del esfuerzo de 16 mil ciudadanos voluntarios para recabar las firmas de apoyo a su candidatura y de un grupo de intelectuales encabezado por el escritor Juan Villoro, que creó la asociación civil Llegó la hora del florecimiento de los pueblos.

 

 

Registro ante el INE

 

Presentación en Ciudad Universitaria

 

El 7 de noviembre, Villoro informó que estaba interponiendo una demanda contra el INE por la inequidad de la competencia. Esto debido a que las firmas de apoyo a los aspirantes deben ser capturadas a través de una aplicación digital cuya descarga solo puede hacerse en teléfonos celulares de gama media, cuyos precios oscilan en 4 mil pesos. Además, la aplicación no es fácil de utilizar. Constantemente presenta errores en los datos extraídos durante las capturas de imágenes y para enviar los registros es necesario contar con internet. Villoro denunció que estas situaciones son impedimentos para el registro, pues en las comunidades indígenas aún existen lugares sin luz e internet.

Un auxiliar del CNI en Palenque, Chiapas, cuenta, por ejemplo que la recolección de firmas ha sido muy difícil porque no tiene un celular propio para usar la aplicación; tiene que usar el del colectivo en el que participa y solo puede hacerlo en determinado horario.

Las personas que han decidido ser auxiliares y cuya aplicación en su celular funciona participan en todos los eventos donde el CIG y Marichuy se presentan. En la ciudad de México algunos han montado mesas de registro afuera de estaciones de metro o escuelas. Incluso, existen las “casitas de Marichuy”, que son lugares creados con el fin de mantener mesas de registro permanentes.

Aún así, de acuerdo al reporte generado el 8 de febrero, el INE ha recibido 227 mil 195 firmas de apoyo a la candidatura de la vocera indígena.

Recolección de firmas en Ciudad Universitaria

Otra forma de hacer política

“Para entender la lógica en la que el CNI coloca sus piezas en la agenda política nacional, hay que mirar en perspectiva el movimiento zapatista y el trabajo que el EZLN ha realizado desde su presentación pública en 1994”, escribió en junio pasado la periodista Ángeles Mariscal, en un recuento de dos décadas de la participación política como forma de resistencia de los pueblos indígenas.

El CNI se ha declarado contra el sistema capitalista, que “en todo el mundo, explota, despoja, reprime y desprecia a los seres humanos y a la naturaleza”.

Ahora, los pueblos indígenas de México se alistan para una batalla monumental contra el sistema que “causa la muerte del ambiente y de la gente”.

“El voto solo, pues no va a ser mucho. Tenemos que organizarnos y no solamente para el 2018, sino de aquí en adelante para que ya no nos sigan imponiendo unos cuantos decidan qué hacer. Tenemos que hablar, y decir qué México queremos”, dice en entrevista con el equipo de Pie de Página, la vocera de los pueblos que asegura que los pueblos indígenas han demostrados en estos años que sí es posible otra forma de hacer política.

“Desde los pueblos pensamos que no hay otra salida de momento, sino que usar sus mismas herramientas para decirles: ya no estamos de acuerdo y vamos a poner un hasta aquí”.