Puertas invisibles

Texto y videos: Ángeles Mariscal

La Verdad de Juárez

¿Cómo logró medio millón de personas migrantes entrar al país y cruzarlo sin que nadie se diera cuenta? ¿Qué fuerzas abren y cierran las compuertas para ese paso, y quiénes colocan o derriban muros en esta región?  ¿Cuál es el costo por pasar? La ruta del Golfo, que recorre los estados de Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, está controlada de principio a fin por los grupos criminales, que deciden quien cruza y quien no, y que igual pasan personas que armas y droga

TENOSIQUE, TABASCO.- En los mapas de las rutas del narcotráfico, invariablemente aparece con rojo más intenso la franja que corre por la península, pasa por la carretera fronteriza del sur construida por la Secretaria de la Defensa Nacional en 1994 y resguardada desde entonces por esta misma institución, y entra por Tenosique, Tabasco, con un punto de encuentro en el municipio de Palenque, Chiapas. 

Es la “ruta de internamiento” del Golfo, la menos explorada, donde la vigilancia es mucho menor, y a la que rara vez llegan las cámaras de televisión y las instituciones. 

En esta ruta, considerada la más riesgosa, las personas migrantes son trasladadas en vehículos que comúnmente pasan sin contratiempos, sin retenes ni módulos de revisión; son llevados a casas “de seguridad”, donde permanecen algunas horas, antes de seguir sigilosamente un camino de mil 700 kilómetros por un territorio cada vez más oscuro e incierto. Por hacer este recorrido han pagado a los traficantes de personas hasta 9 mil dólares, y para ello empeñan todo su patrimonio.

Esta es la puerta que lleva a Tamaulipas, y que está controlada, de principio a fin, por los grupos criminales. La que nadie quiere voltear a ver. Por la que los traficantes lo mismo trasladan a hombres y mujeres, que armas, droga, o cualquier producto que reditúe el riesgo. Donde los migrantes son apenas sombras que se sienten, pero no se ven. 

A partir de este punto, serán fantasmas. Y los operativos de contención migratoria, también. 

La frontera entre México y Centroamérica es una inmensa hilera de montañas, ríos y tierras llanas. En más de 956 kilómetros de la división, hay una decena de puestos de control migratorio, que se constituyen como minúsculas islas en medio de un campo abierto. Pero cualquiera que quiera pasar vía terrestre, sin registrar su entrada, puede hacerlo y avanzar en territorio mexicano, al menos en los primeros kilómetros. 

Sin embargo, la diferencia entre este cruce y el del Suchiate es enorme. En la de allá son detenidos. Aquí se abren puertas secretas que dejan pasar a los fantasmas.

Rutas de “internamiento”

El 7 de junio, cuando Donald Trump exigió a México detener la migración, bajo amenaza de iniciar una guerra comercial entre los dos países, la respuesta de botepronto del gobierno mexicano fue desplegar en la frontera sur a 6 mil 500 integrantes de la Guardia Nacional y mil agentes migratorios más. El 15 de junio por la tarde, efectivos del Ejército Mexicano de las zonas militares 31, 36 y 39, que ya se encontraban en la región, se colocaron un brazalete negro con las siglas GN (Guardia Nacional).

 

 

El 24 de junio pasado, cuando ya corría el plazo que el presidente de Estados Unidos, dio a México, el comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, visitó los puntos de inspección migratoria en el sur. En entrevista con medios de comunicación aseguró que en el primer semestre del año entraron al país 500 mil migrantes de Centroamérica, Asia, África y Europa, sin registrar su entrada.  Días entes, el propio canciller Marcelo Ebrard, cabeza del equipo que dirigió las negociaciones con el gobierno estadunidense, fue más lejos y aseguró que las autoridades de ese país recibieron a la delegación mexicana con el reporte por delante del mes de mayo, que registraba un ingreso de 600 mil personas sin documentos desde enero.

Para ese momento, según los datos oficiales, 99 mil 203 migrantes habían sido “presentados”, como le dicen en el gobierno a las detenciones. Eso significa que 4 de cada 5 habían logrado pasar la frontera y seguir su ruta.

¿Cómo logró medio millón de personas migrantes entrar a México y cruzar el país sin que nadie los viera? 

En el imaginario colectivo, la gran masa de migrantes se reduce a una interminable fila de personas que van recorriendo la

carretera en multitud. Son las imágenes de las caravanas que entraron a México a partir de octubre de 2018. La primera y más grande sumó a unas 7 mil personas. Después de esta entró una docena de caravanas, pero algunas solo de 300 personas. En total, los activistas estiman que deben haberse movido en esas caravanas unos 20 mil migrantes.

¿Por dónde pasaron los demás? ¿Qué compuertas se abrieron? El General secretario de la Defensa Nacional (Sedena), Luis Cresencio Sandoval González, explicó lo que a su ver, son las principales “rutas de internamiento” al país.  Según el mapa que presentó, se reducen a tres, y todas se juntan en el Istmo de Tehuantepec: la de la Costa (que salen de la ciudad de Ocós, en Guatemala, y llegan por mar a las costas de Chiapas); la del Centro, que cruzan por el Suchiate, y la del Golfo. 

La frontera también se diluye

Entrar a México y recorrerlo a pie, en el lomo del tren, y tomando de manera esporádica transportes públicos o raites, es un viaje que hacen los migrantes más pobres. Lo hemos documentado ampliamente En el Camino: sólo una quinta parte de las personas que cruzan México de forma ilegal viaja así.

Son quienes no tuvieron una tierra para vender, un préstamo al que acceder, un familiar que le pagara al “coyote” el traslado y transporte. Quienes hacen uso de la red de albergues que han instalado cerca de las vías, sobre todo la iglesia católica, pero también organizaciones de la sociedad civil. Quienes se ven ocasionalmente en los caminos y que deambulan por las ciudades mendigando para juntar algunas monedas. 

Son quienes entraron en caravanas (una forma mucho más lenta, pero también más barata y menos riesgosa de cruzar el país) y también son quienes forman mayoritariamente el grupo que hasta el momento ha sido detenido y deportado.

Su ruta, por ser la más accesible en términos de caminos planos y carreteras continuas, es la que parte del río Suchiate y recorre Chiapas por las carreteras paralelas al Océano Pacífico. 

El grueso visible del despliegue de la Guardia Nacional también se concentra en esta ruta. El General Vicente Antonio Sánchez, coordinador del Plan de Migración y Desarrollo de la Frontera Sur, presentó personalmente el 1 de julio, el despliegue de militares en uno de los tramos del río Suchiate.

En el resto de la frontera sur, hacia la zona de la selva y el Ceibo, la presencia de uniformados va haciendo más esporádica. Igual que la de los migrantes en las calles.

Muchos de los que se atreven a viajar por su cuenta hacen parada en el albergue “La 72”, nombrado así en honor a los migrantes masacrados en San Fernando, Tamaulipas, en agosto de 2010. El albergue fue instalado en esta comunidad, justamente para ser el último punto seguro antes de internarse en una ruta sin retorno. Pero, igual que ocurren en Tamaulipas, Tabasco es un estado en el que los migrantes no se ven si no es en un albergue.

 

 

Lo que sigue a partir de esta entrada está poco documentado. De los testimonios recuperados por migrantes “rescatados” por las autoridades (que en realidad son deportaciones enmascaradas)  y de recorridos por Tamaulipas realizados por activistas y periodistas de forma aislada, se sabe que unos viajan en cajas de tráilers (en unas caben hasta 200), otros en camiones (algunos en corridas que no están registradas), y que son transportados  aprovechando las miles de brechas que hay en Tamaulipas. También se habla de recorridos en lancha que pasan por Cardel y Úrsulo Galván, un poco adelante del puerto de Veracruz, o que llegan a la Laguna Madre de San Fernando, Tamaulipas. 

Las autoridades mexicanas no ven nada de esto, a pesar de tener regiones de Seguridad Nacional porque se consideran estratégicas para la energía del país.

Porque esta frontera es la puerta para entrar o hacer llegar productos a Estados Unidos, sin dar cuenta de ello. Y, como en la frontera norte, también se diluye. En esta ruta, los migrantes son como fantasmas que recorren el camino en la clandestinidad. Invisibles entre los invisibles.